Capitulo 8- La Historia de Nagi y el secuestro de Loire

Loire entró a la casa, molesto. Había dejado a Nitta en el jardín sollozando. O eso había logrado aparentar. Cerró la puerta con un golpe seco.

-Ahora a lo que vinimos —Dijo éste— Abuelo, necesito que me cuentes nuevamente la historia del guerrero Nagi.

-¿Nagi? —Dijo Taro— Valla…hace mucho que no te cuento esa historia. Pues ¿Qué más da?

Taro se sentó en un taburete y empezó la historia. Loire y Kotaro se sentaron para poder prestar mejor atención.

La Historia de Nagi, empieza con la princesa Himikko. No era una princesa común, ya que ella y Nagi eran amigos de la infancia y por tanto Himikko era, algo diferente de las chicas. Le gustaba jugar con Nagi a las luchas. Eran los chicos más revoltosos y alegres de Nippon. Pero no se puede evitar el paso del tiempo. Himikko y Nagi crecieron. Ella tuvo que dejar los juegos y dedicarse a las responsabilidades que el imperio le exigía. Fue muy duro para ambos, pero comprendieron que debían hacerlo por el bien del otro. Nagi decidió dedicarse de lleno a su habilidad con la espada. Siempre protegía a las personas del pueblo de algún peligro que los amenazara. Su hazaña más grande fue protegiendo a una mujer embarazada de un ladrón. Todo el pueblo pudo ver el suceso. El palacio decidió darle un reconocimiento por su acción. Así que Nagi acudió al palacio, donde pudo volver a ver a Himikko, ya convertida en una hermosa princesa. Pero ahí fue cuando Nagi conoció también a Nami. La doncella de Himikko. Fue un flechazo instantáneo. Empezaron a verse a escondidas durante varios meses. Pero la felicidad de ambos se veía amenazada por un extraño suceso que venía apagando la luz de Nippon. Una bestia de ocho cabezas llamada Orochi reclamaba cada seis días una victima para saciar su hambre. Robaba el alma de las victimas para recuperar energía. El reino aún no había podido hacer nada al respecto, y varios hombres del pueblo habían muerto en intentos de acabar con el. Lo curioso es que todas las victimas resultaban ser mujeres. Doncellas del palacio, mujeres del pueblo cercano… y así, muy pronto Orochi ya reclamaba a la princesa Himikko. Nami y Himikko eran muy amigas. Desde el momento en que ella tuvo que cambiar sus hábitos a los de una princesa, Nami fue quien acompañó y escucho pacientemente las penas de la princesa. Le hablaba de cuanto extrañaba a Nagi y de que le hubiera gustado que ella pudiera haberlo conocido.

Desde entonces Nagi y Nami se encontraban en algún escondite. Pero, el destino te juega sucio algunas veces, Nagi estuvo esperando una noche a Nami. Pero ella nunca llegó. Nagi, preocupado, fue al palacio, y habló con Himikko. Ella le contó que Orochi, había enviado a dos de sus guerreros a buscarla, pero Nami, quiso protegerla y a cambio, se entregó. Nagi no podía creer lo que Himikko le contaba. Así que le confeso lo que sentía por su doncella. Himikko decidió ayudarle a recuperar a Nami. Así que le entregó una Katana (espada-sable) que recibía el nombre de “Tsukuyomi” para que luchara contra la bestia que amenazaba la vida de su amada. Pero también le dio la compañía de Shiranui. Un Lobo Celestial que controlaba 13 técnicas místicas de un extraño pincel, llamado El Pincel Celestial. Sus ataques se basaban en un pergamino mágico. La manera más efectiva de atacar a los enemigos con el pergamino y el pincel era colocándolo sobre la escena y dibujando sobre el la técnica elegida. De esa manera el enemigo era “cortado” y como consecuencia su poder se reducía o simplemente moría.

Shiranui y Nagi se dirigieron a la cueva de Orochi, donde tenía prisionera a Nami y a punto de ser devorada. Nagi luchaba contra Orochi en intentos de recuperar a Nami, pero lo único que conseguía era herirse. Orochi lanzó en ese momento su ataque mortal contra Nagi, Shiranui trato de protegerle, ya que Orochi lanzo contra ellos una roca que con solo golpearle le mataría enseguida. Lamentablemente Shiranui fue quien recibió el golpe, pero dando oportunidad a Nagi de dar a Orochi un golpe cortante. Nami pudo escapar de su prisión. Pero Shiranui, quedó tendido en el suelo y sangrante, inevitablemente muerto.

Nagi tomó a Shiranui en sus brazos y le llevo nuevamente al pueblo donde fue reconocido como un héroe. Desde entonces el templo de la ciudad pasó a llamarse el templo de Shiranui, donde reposan dos estatuas de piedra en honor a Nagi y Shiranui.

Taro terminó la historia con un profundo suspiro. Loire y Kotaro le miraban fijamente.

-Entonces, eso fue todo. ¿Fue así como murió Shiranui? —preguntó Loire —.

-Así es —replicó Taro —. Es muy triste en realidad, era un gran animal. Sorprendente.

-Pero entonces significa que nadie le guarda respeto desde entonces, ¡Eso es penoso! —Dijo Kotaro—.

-Oh si, lo es. Pero aquí ya no puede hacerse nada. —Dijo Taro—.

-Abuelo, hoy hubo una especie de revuelo en la aldea. La estatua de Shiranui fue robada. Ya no está en su pedestal —Dijo Loire—.

-¿Qué la estatua que cosa…? —Exclamó Taro— ¡No es Posible que halla sucedido tal cosa! ¡Es prácticamente imposible cargarse esa estatua!

-Al parecer el que lo hizo no tuvo problemas para hacerlo —Dijo Kotaro—

-Si, es extraño… pero será mejor que vaya alistándome para buscar al culpable —Dijo Loire—.

Taro dio un respingo. ¿Acaso estaba escuchando bien lo que su nieto le decía?

-Loire, ¿Qué rayos tienes en mente? ¿Se te ha ocurrido pensar que el responsable podría ser peligroso? Quiero decir, ¿un asesino o un demente quizá?

-No te preocupes abuelo, no me pasara nada. Me has enseñado suficiente Kendo como para defenderme y Kotaro irá conmigo. —Loire pensó también que sería una excelente oportunidad para escapar de Nitta—. Y eso sin agregar mí desarrollado sentido de la lógica. —concluyó—.

-¿Lógica…? Eso se me hace bastante difícil de creer —dijo Taro—. Si de verdad tuvieras un razonamiento adecuado, habrías sido lo bastante prudente como para no decirme tus planes. Porque de ningún modo dejaré que vallas a una misión sin mi

-¡¿Contigo!? De ninguna manera dejare que vengas con nosotros abuelo…

-Oh, ¡Claro que si!

Loire no quiso seguir escuchando, tomo su espada y salió de la casa. Pensamientos de que era lo que tenía que hacer a continuación le cruzaban por la mente. Pero, algo lo detuvo; sin poder siquiera defenderse un lobo blanco con unas extrañas marcas en su pelaje se le abalanzó para luego arrastrarle hasta el bosque. Loire no podía siquiera pensar que ocurría, pero en el ajetreo una roca golpeó su cabeza desmayándole.

~ por zhengirl57 en Abril 5, 2008.

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