Capitulo 3- Revuelo en la Aldea
Durante las primeras horas de la mañana, la gente parecía muy alterada. Al parecer, la estatua de Shiranui —la bestia protectora en forma de lobo del pueblo— ya no se encontraba en su templo. Hecho muy extraño, ya que la gente había perdido interés y respeto por la bestia que alguna vez les protegió de Orochi, y nadie se atrevería a robarla de su sitio. Loire no presto mucha atención a ese hecho, pero igualmente le quedaron ciertas dudas con respecto al tema. Su abuelo le había contado alguna vez, según recordaba, la historia de Nagi. Un guerrero de Nippon que había vivido hacia ya cien años. Fue el mejor de sus tiempos, y la gente le respetaba. Nagi, protegía a todo aquel que necesitara ayuda, cuidaba el entorno como si fuera parte de su propio cuerpo y daba el ejemplo a los habitantes de la aldea mostrando respeto por los Dioses protectores. Solo recordaba un trozo de la historia, ya que su abuelo se la había contado cuando el era muy pequeño y su madre vivía aún. Su padre dejó el hogar cuando el nació. Así que nunca llegó a conocerle, y por tanto nunca le extrañó. Pensaba que si su padre se había ido por el solo hecho de su nacimiento, entonces no había razón alguna para honrar su recuerdo. Pero su madre había sufrido bastante su partida, y como consecuencia enfermó. Solo estuvo con Loire los primeros tres años de su vida. Fueron los más difíciles para Loire. Pero su abuelo Taro lo acogió y lo tomo como si de su hijo se tratara. Desde entonces, siempre le contó historias maravillosas sobre Nippon y Los Dioses Protectores, siempre mostraba interés sobre el tema. Así que no tenía problemas para recordar las historias. Con el tiempo Loire empezó a mostrar interés sobre los hombres que examinaban los templos sagrados y quiso ser uno de ellos. Taro estaba encantado con las ideas de su nieto, así que cada día, era un día histórico para Loire, que siempre emocionado, esperaba la hora de dormir para escuchar las maravillosas historias de su abuelo.
-Pero eso fue hace mucho tiempo —Pensó Loire—.
Me parece que hoy le pediré a mi abuelo que me cuente la historia de Nagi.
-¡Loire! —Kotaro le esperaba en el mercado— Pensé que no llegarías nunca colega. ¿Qué te entretuvo?
-Créeme, no quieres saberlo. Mi abuelo se presentó esta mañana en mi casa insistiendo en que conociera a Nitta. —Dijo Loire con cara de aburrido—.
-Pues no pareces muy contento con la idea. —Kotaro estaba extrañado—. Yo creí que estabas en busca de una novia, además Nitta Akizuki no está…
-¡Pero si no se trata de Nitta Akizuki! —Le interrumpió Loire— ¡Es Nitta Yagami con quién mi abuelo me quiere unir!
-¿Nitta Yagami? —Dijo Kotaro extrañado— ¿Esa chica de Osaka?
-La misma —Dijo Loire derrumbado por sus propias palabras
-¿Pero de que te preocupas? —Dijo Kotaro asombrado— Es una chica muy bonita…
-Si, y bastante tonta.
-No te entiendo Loire. Dices que quieres conseguir una chica, y cuando te caen encima, ¿Las rechazas?
-Hay un problema Kotaro, seré demasiado pícaro, pero se bien que chica es la adecuada para mi. Y créeme, esa no es Nitta.
Siguieron caminando al pueblo cuando de repente un aldeano empezó a gritar agitadamente. Parecía como si no pudiera caminar ni respirar siquiera. La gente empezó a asustarse por el penoso estado del Hombre. Pero al fin Loire decidió ayudarle y se acercó.
-¿Qué le ocurre señor? ¿Se encuentra bien?
-La cueva… ¡La cueva de Orochi! La han abierto. ¡Toda la zona se volvió oscura y varios aldeanos se han convertido en estatuas de piedra!
-¿De piedra dice? —Preguntó Kotaro—. Pero si eso es prácticamente imposible…
-Esta vez no —Decía el aldeano bastante asustado— ¡Algo se ha salido de la cueva y ha hecho que mi familia se convirtiera en estatuas de piedra! ¡Debemos hacer algo!
-Primero cálmese —Dijo Loire— Yo también estoy algo asustado. Pero primero es preciso que conserve la calma. Yo investigaré que ocurre en este pueblo.
-¿En serio lo harás? —Preguntó Kotaro— Parece peligroso, yo iré contigo.
-Como quieras, pero primero debemos decírselo a mi abuelo. Tengo varias cosas que preguntarle.
Lo que Loire y Kotaro no sabían, era que mientras ellos ayudaban a los aldeanos a poner orden en el pueblo, en el bosque estaba ocurriendo la escena más espectacular desde hacía cien años…

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